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La noche sucumbía ante el ligero toque del sol, el cielo se alumbraba con las caricias de los rayos matinales que deslumbraban a las estrellas y cegaban a la luna. En la nocturna estancia que aún permanecía resistiéndose a morir se encontraba una silueta detrás de una cortina del viejo hotel en un poblado cerca de la metrópoli. Había estado toda la noche en vela, esperando ver el amanecer, confirmar aquel mito, que desde niño le consumía un poco de curiosidad, acerca de ver sublimes destellos a pleno raz de tierra en cuanto el primer rayo de sol tocase el suelo. Entuisasmado como un infante que espera ver con ansiedad algo mágico e inverosímil (algún truco barato de prestidigitación) no separó la vista del césped bañado por el rocío natural de las noches.
El sol alargó sus manos firmes y cálidas sobre el suelo, en efecto, las gotas del rocío, como si fuesen estrellas que aterrizaron durante la noche, brillaron ante los ojos inmutables de aquel sujeto. “Bien” se dijo a sí mismo, “otra belleza más que arruina el razocinio”. Se alejó del cristal que miraba hacia el jardín del parque, se tiró en la cama y miró el techo blanco. Aunque era un hotel distinto, curiosamente parecía ser el mismo de la semana pasada. Se sintió absurdamente en casa. Cerró los ojos y entró en un ligero letargo, sólo dormitó antes de que el reloj despertador sonase con ese timbre desesperante e irritador. Se levantó del lecho, cogió su maleta, la llave del cuarto y salió por la puerta, cerrándola tras de sí.

Al bajar al vestíbulo nauseabundo dejó la llave sobre el mostrador y abandonó el edificio. Se dirigió hacia la estación de autobuses, compró un boleto sin preocuparse mucho por el destino (eligió el más barato disponible) y se sentó en la sala de espera a que anunciasen su salida. Ya esperaba nada, sólo deseaba salir de allí, que los minutos transcurriesen rápidamente antes de que el arrepentimiento llegase y, haciendo gala de locura, regresase a decir palabras que había matado en su garganta, a dar el beso que prefirió guardar (el beso que nunca debía dar y que perdió tiempo después, al no poder contener el aliento ante aquella situación irrevocable, irrepetible, insensata y sublime). Fijó su mirada en el letrero que anunciaba el precio y los productos de aquella terminal, las luces lo transportaron sin querer ni buscarlo, a aquel tiempo perdido y olvidado por elección. Miró el amarillo de las letras, amarillo pálido, como el color de un pergamino viejo o un libro de antiguedad; siguió el rojo de los números, posible anuncio de pérdidas según lo que aprendió en aquella época, “números rojos” de un rojo escarlata, como el vestido que ella usaba, como el color de su lápiz labia, como el color de su sangre que manaba en aquellas venas inertes por el obvio sentido de la insensibilidad a la que se había visto obligado a acudir para olvidarse un poco de todos aquellos sentimentalismos cálidos (como sua liento, como su piel) que sólo le hacían perder la noción de las cuentas y lo metían en una subjetividad irracional a la física aplicada en la vida cotidiana. “Basta, che, acordamos algo” trataba de tranquilizarse, “no más desvelos por ahora, no más letargos, sólo...” ¿sólo qué? Ni él mismo lo sabía, ni él mismo podía comprender que los números son lo mismo que las letras cuando se les acomoda de la forma correcta, que se pueden poner al revés y formar anagramas incomprendibles excepto para el creador y el destinatario, que poner 1467 es lo mismo que dar un “te amo” envuelto en un traje del siglo XV. “No, che, no” se repetía inutilmente, negaba su naturaleza, su bestia interna; temía abrir la puerta al otro lado de la cabeza.

Anunciaron por el altoparlante su autobús. Se levantó de su asiento sin dejar de mirar aquel letrero, dio media vuelta y ocurrió. En el pecho un ardor comenzó, su sangre comenzó a hrbir de repente, la sentía correr cálida por sus venas, el pulso se aceleró con naturalidad ante aquel incremento de temperatura. La piel le ardía y el tacto a cualquier cosa le daba una sensación gélida. Sus pupilas se dilataron, los ojos por poco se salen de sus órbitas, cayó al suelo y las combulsiones comenzaron. Sacaba espuma por la boca, en los momentos que parecían cesar sólo tenía alusinaciones y desvaríos; el cuerpo le dolía terriblemente, todo el era un manojo punzante, rojo, moribundo e ignorado por el tumulto que le miraba sin asombro y desviaba la mirada.
Entre toda aquella multitud le pareció ver su faz pálida de labios delgados y sonrisa traviesa (como la de Mona Lisa), sus ojos curiosos y mirada lúdica, su cabello ligeramente ondulado, su cuello delgado, aquel abrigo rojo – como los números, como su labial – y su silueta torneada.
Pronunció su nombre entre gemidos, ella sólo sonrió en su alucinación (lo mismo que hacía en sus sueños y desvaríos).

Horas mas tarde un esqueleto calcinado se encontraba a la mitad de la sala de espera de la terminal. Todos los que esperaban su autobús miraban las cenizas con indiferencia, las pisaban, se limpiaban los zapatos y se disponían a esperar a que la epidemia los matase o el altoparlante les salvase antes de sucumbir a la enfermedad que ya llegaba a la ciudad.
©2008-2009 ~Gablot
:icongablot:

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Life Burns!*

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*En efecto es el título de la rola de Apocalyptica

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:icongoticvampiregirl:
Es un poco macabro el final...^^pero esta muy bien

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Entre la distancia entre el viento y el silencio hallarás mi ansiedad.
:icongablot:
Gracias :)

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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
:icondagnimoon:
Muy raro! Un brinco demasiado rá;pido entre los primeros sucesos y la epidemia jajaja!
:icongablot:
Lo siento, eran las dos de la mañana y ya estaba cansado, además para variar el melodrama que se cargaba el pibe ese de la historia XD

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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
:iconwill-darkprincess:
wow
está buenísimooo

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It doesn’t matter how many miles I have to travel
It doesn’t matter how much blood I’ll shed
It doesn’t matter how many tears I’ll cry
I’ll find you
And you’ll be mine
_________________________________
Will-Dark.Princess

icon by ~Valotoxin
:icongablot:
Jeje. Gracias

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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
:iconsangre6deslavada:
Excelente pibe como siempre, aunque temo concordar estar vez con dagni en el final un poco cortado, talez un poco mas de calma o un suceso mas controlado seria mejor, es un salto algo precipitado, sin embargo eso no le quita que siga siendo irrefutablemente bueno :)
:icongablot:
Gracias, che y sí, lo sé no niego que lo corté muy pronto, es sólo que quería probar cómo encajaba un final así en una historia con un comienzo como ese (otro mal pretexto). ^_^¡

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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
:iconlayrablack:
mmm... vale, o sea que empieza que el tio esta sano y termina muriendose de una enfermedad que lo sucumbe en cuestion de horas? lo he entendido bien? :$

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"Decir que los espirítus no existen porque no los ves, es un argumento tan inteligente como decir que las plantas no respiran porque no las ves moverse"

Qué le passa a un alumno de Hogwarts si suspende?? Repite?? Lo meten en Hufflepuff??? (Lara Pérez)

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July 3, 2008
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